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15 de diciembre de 2007

Blogo Ergo

Cada vez me gusta menos escribir y me da más pereza. En parte porque me siento un bicho raro cuando me siento a escribir por aquí. La gente lo hace y tiene una intención, y el resumen es que yo lo hago y por lo visto tengo otra.

Tener un blog es como tener el Anillo Único. Úsalo, con la intención de alimentar tu propio ego, con la intención de que el mismo grupo alave tus escritos y obras, tus pensamientos y sentimientos, cuando ellos albergan la vana esperanza de recibir elogios similares por tu parte, dejando la dirección de su blog para que te pases por allí y vean sin falta lo último que han escrito.

Me siento fuera de ese círculo, no escribo con ninguna esperanza de que nadie me lea, de hecho, espero que tampoco me comenten, porque aunque puedo llegar a sentirme halagado, es simplemente un efecto secundario. Y tampoco escribo para que mis amigos me conozcan mejor (sí, amigos, esas cosas físicas que nacen, crecen y de vez en cuando se reproducen).

Ejemplo práctico: Me encanta la música que hace Mindthings, y de repente dejó un comentario en mi blog, agradeciéndome las críticas. Me sentí ilusionado, pero punto. Ni hablo con él, ni él creo que me siga leyendo, y está todo bien, todo el mundo es feliz. No hay que darle más vueltas, punto.

Yo no me leería a mí mismo, pero igual alguien se siente identificado conmigo, o con algo de lo que escribo, alguien a quien no voy a conocer de nada, pero eso está bien, no necesito conocerlo ni que me conozcan.

En ese caso, leeme cuando quieras (es tu salud).

Como excepción, me encantaría recibir malos comentarios sobre la ironía de mi post y la necedad del ser.


1 comentario:

toi dijo...

en lo poco que te conozco creo que tu blog es como tú eres: pura generosidad.
No creo conocer mucha gente que haga las cosas como las haces tú, por pura bonhomía. Así me he tomado tu blog, como una forma gratuita de conocer gente alucinante que sin ti no conocería.
Por eso no suelo comentar, porque se que no es lo que buscas.
En realidad solo buscas compartir, y eso es hermoso.
Al menos ya hay alguien que se beneficia de esa actitud: yo.
No todo la música que nos regalas me gusta por igual, pero sí que toda tiene tu sello, el de la generosa actitud de mostrarnos lo que te gusta.
Con eso ya vale, y es mucho.