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12 de octubre de 2005

Los sintetizadores, a la conquista del espacio de los sonidos

El conjunto de sonidos de que dispone el compositor de hoy es una ensalada con aportaciones de épocas distintas. Los compositores, como todos los artistas, siempre están buscando extender sus posibilidades expresivas. Para el compositor esto quiere decir, entre otras cosas, disponer de una variedad cada vez más amplia de sonidos y poder manipularlos a su antojo.

La ciencia y la tecnología prestan servicio al arte. Cada época ha tenido oportunidad de experimentar e innovar en materia de sonido y la nuestra no iba a ser menos. Los adelantos tecnológicos del siglo XX, como era de esperar, también se aplicaron en la música para extender el espacio de los sonidos.

El sonido es una alteración repetitiva de la presión del aire, que se puede representar mediante una gráfica que muestra cómo varía la presión al correr el tiempo. En 1843 el físico alemán Georg Simon Ohm descubrió que la forma más sencilla de sonido es la que se puede representar por medio de una onda senoidal, que toma su nombre de las funciones seno y coseno de la trigonometría porque tiene la misma forma que éstas: una ondulación que sube y baja suave y regularmente. Seno y coseno son las funciones repetitivas más sencillas posibles desde el punto de vista matemático. Los sonidos a los que representan se llaman tonos puros.

Sonido puro.

Los sonidos puros se pueden ordenar en una secuencia de notas, o tonos, de distinta altura. El tono depende del número de veces que se repite la vibración en un segundo. Este número se llama frecuencia. Una frecuencia de 440 ciclos por segundo, por ejemplo, corresponde a la nota ?la? de la octava central del teclado de un piano. El volumen o intensidad del sonido es función de la amplitud.
Pero los tonos puros, representados por ondas senoidales, son muy desagradables al oído (el feo tono de marcar del teléfono es aproximadamente senoidal). Los sonidos agradables e interesantes son mucho más complicados.

Sonido agradable e interesante.

En la primera mitad del siglo XIX el matemático francés Joseph Fourier descubrió una manera de armar y desarmar funciones periódicas complicadas, entre ellas las que sirven para describir las ondas sonoras. El método de Fourier permite considerar a las ondas complicadas como superposiciones, o sumas, de ondas senoidales simples, llamadas armónicos. Toda onda sonora se puede analizar (desarmar) o sintetizar (armar) en términos de tonos puros.

Onda complicada.

La característica que nos permite distinguir el sonido de un instrumento del de otro se llama timbre. El timbre depende de los armónicos que contiene el sonido, así como de sus intensidades relativas y de la manera en que van cambiando de intensidad al sonar una nota. Para explorar a nuestro antojo el espacio de los sonidos nos hace falta un método para producir timbres interesantes. Dos formas de conseguirlo son: 1) empezando desde cero y sumando armónicos uno a uno, o 2) partiendo de una onda rica en armónicos y restándole componentes por medio de filtros. Éstos son los principios de la síntesis aditiva y la síntesis sustractiva.

El primer instrumento eléctrico lo inventó el estadounidense Thaddeus Cahill -entre 1895 y 1906, y se llamaba telharmonium. Haciendo girar unos polígonos de metal en campos magnéticos, Cahill producía corrientes eléctricas de distintas frecuencias que luego hacía pasar por bocinas de teléfono. El telharmonium era un instrumento muy impráctico porque, además de pesar varias toneladas, producía un sonido muy débil que hasta el carraspeo del público en la sala de conciertos hubiera opacado.

En 1920 el físico y músico ruso Leon Theremin inventó el primer instrumento electrónico que ha sobrevivido hasta nuestros días. Inspirado por la atmósfera de renovación que reinaba en la Rusia revolucionaria, Theremin se propuso inventar un instrumento nuevo que no se tocara mecánicamente como el piano o el violín.

Clara Rockmore toca un Theremin

Para 1920 ya había circuitos electrónicos sencillos, llamados osciladores, que generaban ondas senoidales, cuadradas, triangulares y en forma de diente de sierra. El theremin consta de dos osciladores que producen ondas de frecuencias superiores a las que pueden percibir nuestros oídos. Las ondas de los dos osciladores interfieren y dan lugar a ondas audibles. El tono se controla moviendo las manos alrededor de una antena, ¡sin hacer contacto con el instrumento!

El Theremin, empero, es un instrumento difícil de tocar. Lo mismo que en el violín, que no tiene trastes como la guitarra, producir una nota precisa requiere mucha práctica, y sobre todo buen tino. Maurice Martenot obvió esta dificultad en 1928 con su instrumento, conocido como ondas Martenot. Las ondas Martenot tienen un oscilador que genera ondas en forma de diente de sierra, el cual se controla por medio de un teclado convencional y un alambre. El teclado permite producir notas precisas sin dificultad. Tirando del alambre, el intérprete puede hacer subir o bajar el tono en gamas continuas. Las ondas Martenot desempeñan un papel central en algunas obras del compositor francés Olivier Messiaen, especialmente en su Sinfonía Turangalila y en sus Tres pequeñas liturgias.

Hoy en día usamos las grabadoras, o magnetófonos, únicamente para copiar discos compactos, pero en sus inicios, en los años 50, el magnetófono se empleó como instrumento musical. Los compositores Pierre Schaeffer y Pierre Henry, y sus seguidores, usaron el magnetófono para captar sonidos del entorno y modificarlos de diversas maneras, por ejemplo: alterando la velocidad de reproducción, invirtiendo la dirección de avance de la cinta y cortando y pegando tramos de cinta con grabaciones distintas para yuxtaponerlos y producir sonidos insólitos. Estas técnicas constituyen lo que se ha llamado música concreta, uno de los experimentos musicales más conocidos del siglo XX. En la música electrónica propiamente dicha se emplean como materia prima tanto sonidos concretos como sonidos producidos por medios electrónicos. El compositor de música electrónica no sólo distribuye el sonido en el tiempo, también crea los sonidos que emplea en su obra.

Pero manipular sonidos de esta manera era horriblemente engorroso. Las paredes del estudio del compositor acababan llenas de tramos de cinta colgados y el lugar se parecía más a una fábrica de espagueti que a un sitio en el que se hacía música. Componer unos cuantos minutos de música podía llevar varias semanas, y hasta meses.

Para simplificarse la vida algunos compositores, como Morton Subotnick, fundador del Centro de Música Grabada de San Francisco, y su colaborador, Ramon Sender, empezaron a pensar en construir un aparato electrónico que incluyera en un solo sistema los elementos necesarios para generar sonidos electrónicos y para controlar al mismo tiempo los sonidos producidos electrónicamente y otros sonidos grabados en cintas magnéticas. Se imaginaban una "caja negra" compacta y poco costosa que cualquier compositor pudiera tener en su casa: el sintetizador.

Los primeros sintetizadores, construidos a principios de los años 60, estaban hechos de componentes sueltos como osciladores (para proporcionar la materia prima para construir sonidos), filtros (para modificarlos suprimiendo armónicos), generadores de envolvente (que controlan cómo empieza y termina el sonido sintetizado), y circuitos electrónicos llamados secuenciadores (que prenden y apagan los sonidos de la composición en el momento adecuado). Estos sistemas modulares de composición estaban dirigidos sobre todo a los centros académicos de música electrónica que por esa época estaban surgiendo sobre todo en Europa y Estados Unidos.

El sintetizador que construyó Don Buchla por encargo de Morton Subotnick

Don Buchla, un compositor con conocimientos de electrónica y de física (cosa común entre los adeptos de la música electrónica), construyó un sistema modular para el Centro de Música Grabada de San Francisco por encargo de Subotnick. Los sintetizadores de Buchla tienen en vez de teclado unas placas metálicas sensibles al tacto que el compositor pulsa para producir acciones previamente programadas: por ejemplo, poner en marcha una cinta magnética o hacer sonar un sonido electrónico sintetizado de antemano. Los elementos del sistema se conectaban unos con otros por medio de cables que salían de un tablero parecido al de un conmutador telefónico antiguo. La composición e interpretación de una pieza electrónica con estos aparatos requería muchísima planeación.

Bob Moog es otro de los pioneros de la síntesis electrónica. Fabricaba theremins sobre pedido y, como él mismo admite, no sabía mucho de música electrónica. Empezó a fabricar sintetizadores cuando varios compositores de música electrónica se interesaron en un sistema que Moog había armado en su tiempo libre con dos osciladores y un dispositivo controlador para activar los osciladores y modificarles la frecuencia.

El MiniMoog

Los sintetizadores de Moog sí tenían teclado y eran más fáciles de operar que los de Buchla. Aunque al principio también los construyó sólo para el medio académico, más tarde Moog fabricó sintetizadores comerciales que se hicieron famosos, como el célebre Minimoog, un sintetizador sencillo, fácil de transportar y con grandes posibilidades expresivas, que popularizaron los grupos de rock progresivo de los años 70.


5 comentarios:

Fluflu dijo...

menos mal que ya no doy musica..
Jojojo...

Panake dijo...

La cancion de la serie de Futurama (la de los creadores de Los Simpson) es una adaptacion de una cancion de Pierre Henry, "Psyché Rock".

Anónimo dijo...

Enhorabuena por la reseña sobre los comienzos de la música electrónica. Lamentablemente, Robert Moog falleció recientemente por lo que poco podremos preguntarle sobre sus comienzos: existen numerosas entrevistas que son muy clarificadoras sobre como surgió todo esto. Me permito hacer una recomendación para aprender más sobre esta maravillosa música y su evolución: LA MADRUGADA ETERNA de Paco Peiro ISBN 84-89381-03-8.

Estoy notando un paulatino regreso hacia la música electrónica y el rock progresivo de los años 70: re-ediciones en CD, algunos "locos" que re-editan en LP. Parece que la música hecha hoy en día no atrae tanto al aficionado o, más bien, que no se sabe donde buscar. Por cierto, me acabo de comprar en LP el primero de ITOIZ, el Malesh de AGITATION FREE y el HONTZ GAUA de HAIZEA: estoy como un crio con una "play" nueva. La única recomendación que puedo hacer es: buscad, buscad y buscad.

Un saludín,

Jabru_v2

Tom dijo...

Gracias... buscaré ese libro ;)

¿No tienes blog? Sería interesante curiosear por tu colección de LPs =)

Anónimo dijo...

No, no tengo blog. No sé si es porque no tengo cosas interesantes que contar o tiempo para contarlas ;-)